24 juin 2016

Roger Garaudy: La Cruzada de los Asesinos




ANEXOS
(Textos y documentos)

1. Un ejemplo revelador de las nuevas Cruzadas: Pinochet y Chile. Para comprender los métodos puestos en marcha, constantemente en su política, por los dirigentes de Estados Unidos y las tácticas dilatorias creadas para retardar el juicio de Pinochet, hasta una muerte natural del torturador de Chile, es útil leer los documentos desclasificados de la CIA, publicados en Le Monde el 11 de diciembre de 1998, y que muestran cómo los dirigentes norteamericanos perpetúan sus crímenes contra la paz (en este caso, su participación en la destrucción física de Salvador Allende a través un golpe de estado organizado por ellos para instaurar la dictadura de Pinochet).
Esto permite revelar también el papel del demócrata cristiano Eduardo Frei (cómplice en aquel entonces de la CIA) en la política actual de apoyo a Pinochet contra la justicia que debe sancionar sus crímenes contra la humanidad.
Esto explica igualmente la oposición de Estados Unidos a la creación de una Corte de Justicia Internacional que permitirá, si es realmente legítima, llevar al banco de los criminales a la mayoría de sus dirigentes, de Nixon y Kissinger a Clinton y Ariel Sharon, los perros de caza del Líbano, piezas claves del gobierno de Netanahyou y de su política colonialista en Palestina.
En el mismo número, un artículo de Pierre Kalfon, antiguo corresponsal de Le Monde en Santiago de Chile, y autor de un libro sobre Allende, presenta resumidamente los mecanismos de intervención norteamericana para colocar a Pinochet en el poder con la complicidad del actual Presidente de Chile, Eduardo Frei. El título del artículo es: Un Vietnam silencioso.
A continuación un extracto:
“Unidos no esperó su victoria electoral de 1970 para interceptar el camino de Allende. En 1963, para obstaculizar al “candidato marxista”, la CIA había financiado, con más de 3 millones de dólares, la campaña de su rival demócrata cristiano, Eduardo Frei, elegido en 1964.
En 1970, cuando Allende gana la mayoría relativa con 36,3 % de votos, el presidente Nixon enfurecido no se confiesa derrotado. Para impedir que “un amigo de Cuba” se instale a la cabeza de un país del hemisferio americano, ordena a la CIA “hacerlo todo” para que esa victoria no sea confirmada por el Congreso chileno. Entonces otorga a la Agencia un crédito de 250.000 dólares para comprar los parlamentarios. Pero Chile no es una República bananera, y el presidente Frei, listo para jugar el juego de Washington, no logra imponer su partido. No le queda otro remedio a Nixon que utilizar la fuerza, la de un golpe de Estado.
Nixon convocó en Washington a su embajador en Santiago, Edward Korry, y golpeando el puño contra la palma de su mano le explicó que “hay que aplastar a ese hijo de puta de Allende”. Sin mezclarse directamente en el complot, Washington autoriza a Korry a que informe que Estados Unidos suspenderá la ayuda al ejército chileno en caso que Allende asuma el poder. Y qye entenderán perfectamente que ocurriera un golpe de estado. La poderosa multinacional ITT (International Telephone & Telegrah Corporation) que controlaba toda la red telefónica de Chile, contaba entre sus directores a un tal John Mc Cone, antiguo jefe de la CIA en tiempos de Kennedy y de Johnson. Mc Cone se había puesto en comunicación con Henry Kissinger. Consejero privilegiado de Nixon, el mismo que presidió el “Comité de los Cuarenta”, brazo oculto del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, Mc Cone indicará que la ITT estaba dispuesta a ofrecer una suma “que puede llegar hasta siete cifras” para impedir que Allende accediera a la presidencia.
Los militares que participaron en el complot y los miembros neofascistas del Movimiento Patria y Libertad no pedían tanto. El coronel Wimert les entregó, en la noche del 22 de octubre, la suma de 50.000 dólares, metralletas y pistolas ingresadas ilegalmente al país a través de la valija diplomática de Estados Unidos, y no registradas en Chile.

. . .
Textos desclasificados
Informe sobre las actividades del cuerpo expedicionario de la CIA en Chile entre el 15 de septiembre y el 3 de noviembre de 1970.
El 15 de septiembre de 1970, se le pidió a la CIA impedir que el marxista Allende acceda a la presidencia de Chile el 3 de noviembre.
Un cuerpo de expedicionarios chilenos fue constituido y ubicado tres días después de la asignación de esta misión. Una red especial de comunicación fue establecida simultáneamente en Santiago de Chile y en Buenos Aires, Argentina, con el fin de tratar los cables confidenciales destinados a la fuerza de intervención. [] Esta expedición estaba compuesta por oficiales de la CIA, cuya apariencia, lengua y experiencia daban la impresión de que se trataba de ciudadanos de diferentes países. Fueron llammados de sus puestos en el extranjero y recibieron órdenes directamente de Washington, antes de ser introducidos individualmente en Chile. En Santiago su único contacto norteamericano era un oficial de la CIA residente en esa ciudad, que había establecido los lazos con los intermediarios o con los responsables chilenos interesados en la preparación de un golpe de Estado. Reconociendo la debilidad de Frei, la CIA concentró sus esfuerzos en un golpe de Estado militar.
(Antes del 28 de septiembre, la CIA tenía en el país, o en camino hacia Chile, quince periodistas-agentes de información venidos de 10 países diferentes.)
[…]
Al no disponer más de los foros habituales para la elaboración y la reanudación de su propaganda en el territorio chileno, la CIA se valió de sus propios recursos:
– una prensa subterránea subordinada a la distribución del correo;
– el financiamiento, aún reducido, de un nuevo periódico;
– subvenciones atribuidas a un partido político de oposición a Allende, para transmitir sus programas de radio, su publicidad y organizar sus mítines.
Los periodistas norteamericanos, debido a la gran influencia de sus medios de difusión en el mundo, recibieron instrucciones precisas sobre la cobertura de los hechos. La portada del Times se basó especialmente en los documentos escritos y en las indicaciones orales facilitadas por la CIA. [] El 13 de octubre Allende elevó una protesta oficial: “Somos víctimas de las más atroces y brutales presiones, tanto dentro como fuera del país.” Acusó en particular al Times de haber “llamado abiertamente” a invadir Chile.

La acción política
El programa de acción política tenía un solo objetivo: hacer que el presidente Frei impidiera la elección de Allende en el Parlamento, el 24 de octubre. Si esta artimaña fracasaba, se llevaría a cabo un golpe de Estado militar que impidiera a Allende tomar el cargo el 3 de noviembre:
En caso que Frei se presentara para las elecciones, el gobierno norteamericano apoyaría sustancialmente su campaña presidencial.
El Partido demócrata cristiano de Alemania del Oeste, que mantenía lazos particulares con Frei y con otros dirigentes demócratas cristianos de Chile, envía varios emisarios de alto nivel para apoyar a estos candidatos. []
También se hicieron grandes esfuerzos para influenciar a Frei y sus allegados:
– católicos influyentes enviaron mensajes o se desplazaron hasta el Vaticano;
-múltiples presiones ejercidas desde el extranjero por miembros del clero, como así también de profanos, intentaron evitar la victoria de Allende, inclusive antes de las elecciones en el Parlamento.

El golpe militar
Poco después del 3 de octubre, frente a la evidencia de que, desde el punto de vista político, Frei no existía más que con asistencia respiratoria, el golpe de estado militar se presentaba cada vez más como la única solución posible al problema que les causaba Allende. Oficiales del más alto nivel de la jerarquía militar y varios carabineros estaban dispuestos a actuar a título personal.
15 de septiembre de 1970. Nota de la CIA sobre el encuentro con el presidente Nixon a propósito de Chile.
Esta nota manuscrita, redactada por el director de la CIA, Richard Helms, muestra la decisión del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, de preparar un golpe de Estado en Chile. Las transcripciones de Helms nos remiten a las órdenes emitidas por Nixon: “Quizás tengamos suerte, una sobre diez, pero ¡salvemos a Chile! esto vale la pena; a nosotros no nos concierne; tampoco implicaremos a nuestra Embajada; ponemos a disposición 10 millones de dólares, y más si hace falta; nuestros mejores elementos, a tiempo completo; ideamos una estrategia: estrangular la economía; y cuarentiocho horas para planificar una acción.” Estas directivas presidenciales fueron el comienzo de las grandes operaciones secretas cuyo objetivo era impedir, a través de un golpe de Estado, la ascensión de Allende al poder chileno.
16 de septiembre de 1970. CIA génesis de un proyecto Fubelt.
En esta fecha, el director de la CIA convocó a una reunión para tratar la situación chilena. (N.D.L.R.: también estuvo presente especialmente el jefe de las operaciones secretas.)
El director anunció que el presidente Nixon decidió que el régimen de Allende en Chile no era aceptable para Estados Unidos. El presidente solicitó a la Agencia que impidiera el acceso de Allende al poder o, en caso de que asumiera, procurara derrocarlo. El presidente entrega hasta diez millones de dólares a este efecto. Además, la Agencia deberá lograr esta misión sin coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores y ni el Ministerio de Defensa.
Durante la reunión se decidió que M. Thomas Karamessines (subdirector de la CIA) tendría la entera responsabilidad en este proyecto. Y sería asistido por un cuerpo de expedicionarios constituido para ese fin. []
El director indicó que el Dr. Henry Kissinger, consejero del presidente para la seguridad del Estado, solicitó un encuentro, el viernes 18 de septiembre, para que le hagan partícipe de la forma cómo la Agencia planificará la misión.

Departamento de Estado
Ejecución del proyecto chileno: ustedes solicitaron un informe sobre el tema.
El 24 de octubre, la junta anunció que de ahora en más la ejecuciones sumarias no se llevarían a practica y que las personas halladas en flagrante delito de resistencia al gobierno serán juzgadas por tribunales militares. Después de esta fecha, y siguiendo las decisiones de la corte militar, fueron anunciadas diecisiete ejecuciones. Las ejecuciones oficialmente reconocidas alcanzaron a una centena en total, a las cuales hay que agregar la muerte de cuarenta prisioneros por “intento de evasión”. Un informe confidencial interno destinado a la junta estimó en trescientas la cantidad de ejecuciones por el período del 11 al 30 de septiembre.
Según nuestras estimaciones, las unidades militares y policiales en el terreno se conformaban, en su conjunto, con la orden de suprimir las ejecuciones sumarias. Al menos, el uso relativamente frecuente de una ciega violencia, que marcó las operaciones de estas unidades en los días subsiguientes al golpe de Estado, manifiestamente disminuyó hoy en día. Sin embargo, nada indicaba la voluntad de renunciar a las ejecuciones una vez pronunciada la sentencia.
Los dirigentes chilenos justificaron estas ejecuciones a través de la instauración de la ley marcial, al considerase como “en estado de sitio en tiempos de guerra”. El código de justicia militar autoriza el pelotón de ejecución para todo un conjunto de crímenes, entre los cuales la traición, la resistencia armada o la posesión ilegal de armas.

2. La cruzada norteamericana. El choque de las civilizaciones.
Samuel P. Huntington
[…] En el nuevo mundo, los conflictos no serán esencialmente de origen ideológico o económico. Las causas más importantes de división en la humanidad y los principales focos de conflicto serán culturales. Los Estados Nación continuarán teniendo un primer papel en las relaciones internacionales, pero los principales conflictos políticos mundiales pondrán frente a frente las naciones y los grupos pertenecientes a civilizaciones diferentes. El choque de civilizaciones dominará la política mundial.
Occidente está en la cumbre de su poderío. Al mismo tiempo, y quizás por contragolpe, un fenómeno de retorno a las raíces se produce en las civilizaciones no Occidentales. Escuchamos todos los días hablar de un reajuste y de una asiatización de Japón, de la desvalorización de la herencia dejada por Nehru y de la rehinduización de India, del fracaso de las ideas occidentales ya sea el socialismo o nacionalismo, de la reislamización del Medio Oriente, en fin, del debate sobre la occidentalización o rusificación de la Rusia de Boris Eltsine.
[…] Las características y las diferencias culturales son menos variables y, en consecuencia, pueden más difícilmente desaparecer o dar lugar a soluciones negociadas, como es el caso con aquellas divergencias que surgen de la política y de la economía.
[…] En fin, la economía se regionaliza progresivamente. El sector del comercio intrarregional ha pasado entre 1980 y 1989 de 51 a 59 % en Europa, de 33 a 37 % en Extremo Oriento y de 32 36 % en América del Norte. La importancia de los bloques económicos regionales probablemente vaya a crecer en el futuro. De un lado, el éxito de esta regionalización económica van a reforzar la conciencia de civilización. De otro lado, la regionalización económica sólo puede lograrse si está enraizada en una civilización común.
[…] Simétricamente, una cultura común facilita el desarrollo rápido de las relaciones económicas, por ejemplo, entre la República Popular de China y Hong Kong, Taiwan, Singapur, como así también con las comunidades chinas de ultramar instaladas en otros países de Asia. Con el fin de la guerra fría, las comunidades culturales van cobrando mayor peso progresivamente mientras las diferencias ideológicas se debilitan, de modo que China continental y Taiwan se vuelven a acercar. Si la comunidad cultural es la precondición de la integración económica, el principal bloque económico extremo-oriental del futuro tendrá probablemente su centro en China. En efecto, este bloque ya se está constituyendo.
[…] Los esfuerzos de Occidente para promover los valores de democracia y liberalismo, en tanto que valores universales, para conservar la supremacia militar y defender sus intereses económicos, engendran contrarreaciones de parte de otras civilizaciones.
[…] El conflicto entre civilizaciones se produce a dos niveles. En el nivel inferior, grupos contiguos a lo largo de las líneas de fractura entre las civilizaciones en lucha, a menudo de forma violenta, para apoderarse de territorios y para asegurar su supremacia. En el nivel superior, los Estados pertenecientes a civilizaciones diferentes están en competición en el plano económico y militar, al disputarse el control de instituciones internacionales y de terceras partes, y se esfuerzan por promover sus propios valores políticos y religiosos.
[…] De un lado y del otro, el conflicto entre el Islam y Occidente es visto como un choque entre civilizaciones. Como lo señala un autor indio de confesión musulmana, M. J. Akbar, “el próximo adversario de Occidente será ciertamente el mundo musulmán. En el gran arco de las naciones musulmanas, que se despliega desde Magreb hasta Pakistán, es donde comenzará la lucha por un nuevo orden mundial”.
[…] Nada es más revelador de la intensificación de los conflictos que el discurso pronunciado por el Papa Juan Pablo II en Kartum, en febrero de 1993, en el cual denunciaba la política llevada a cabo por el gobierno islamista de Sudán contra la minoría cristiana en ese país.
[…] “No se trata de una guerra del mundo contra Irak, sino de una guerra de Occidente contra el Islam”, declaró Safar Al-Hawali decano de la Universidad de Estudios Islámicos Umm Al-Qura, en La Meca en una proclamación vastamente difundida en forma de cassette. Olvidando la rivalidad entre Irán e Irak, el Ayotalá Ali Khamenei, principal autoridad religiosa iraní, lanza un llamado a la guerra santa contra Occidente. “El combate contra la agresión, la rapacidad, las ambiciones y la política norteamericana, será considerada como un jihad y todos aquellos que mueran en combate serán mártires.” Por su parte, el rey Hussein de Jordania declaró: “Esta guerra no está dirigida sólo contra Irak, sino contra todos los árabes y todos los musulmanes”.
[…] Con respecto a los combates en la antigua Yugoslavia, la opinión pública occidental demostró su simpatía y su apoyo por los musulmanes de Bosnia, víctimas de atrocidades cometidas por los serbios. Por el contrario, no suscitaron ninguna preocupación los ataques dirigidos por los croatas contra los musulmanes y su participación en el desmembramiento de Bosnia Herzegovina. Cuando comenzó la disgregación de Yugoslavia, Alemania haciendo prueba de un independencia diplomática y de una energía poco habitual empujó a los once miembros de la Comunidad Europea a adherirse a su punto de vista y reconocer a Eslovenia y Croacia. Por su parte, el Vaticano los reconoció rapidamente, incluso antes que la C.E. lo hiciera, porque le importaba sobremanera apoyar a estos dos países católicos. Luego Estados Unidos se alinearon con la posición europea. Así los principales miembros de la civilización europea hicieron un bloque detrás de sus correligionarios.
[…] Occidente es hoy en día la máxima potencia con respecto a otras civilizaciones.
[…] Los problemas políticos y de seguridad mundial son arbitrados, en efecto, por un directorio formado por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia; los problemas económicos mundiales los administra un directorio formado por Estados Unidos, Alemania y Japón.
[…] Las decisiones tomadas por el Consejo de Seguridad de la ONU o por el Fondo Monetario Internacional reflejan los intereses de Occidente, presentados al mundo como reflejo del deseo de la comunidad mundial. Mismo las palabras “comunidad mundial” son un eufemismo (en lugar de “mundo libre”) destinado a conferir legitimidad mundial a las acciones que reflejan los intereses de Estados Unidos y de otras potencias occidentales. A través del FMI y de otras instituciones económicas internacionales, Occidente promueve sus intereses económicos e impone a otros países la política económica que juzga correcta.
[…] En efecto, Occidente utiliza de hecho las instituciones internacionales, el poder militar y sus recursos económicos para dirigir el mundo de tal manera que pueda mantener la preeminencia occidental, proteger los intereses occidentales y promover los valores occidentales, ya sean políticos como económicos.
[…] En el futuro, el eje central de la política mundial será probablemente retomando la fórmula de Kishore Mahbubani el conflicto entre “Occidente y el resto del mundo”.
[…] La fórmula más visible de esta cooperación es la conexión islamoconfuceana que ha venido a desafiar los intereses, los valores y el poder Occidental.
[…] Nos encontramos en presencia de una nueva forma de carrera armamentista entre los Estados islamoconfuceanos y Occidente.

La estrategia norteamericana
Dos documentos del Pentágono, uno bajo la dirección de Paul D. Wolfowitz, el otro del almirante Jeremia, adjunto del presidente del Comité de Jefes del Estado Mayor, son bien explícitos. A continuación, cuatro extractos:
– “en definitiva, el orden internacional está garantizado por Estados Unidos”, quienes “deben estar preparados para actuar independientemente cuando una acción colectiva no puede ponerse en práctica o en caso de una crisis que necesite una acción inmediata.”
– “debemos actuar, en vistas a evitar la emergencia de un sistema de seguridad exclusivamente europeo que podría desestabilizar la OTAN.”
– “La integración de Alemania y de Japón en un sistema de seguridad colectivo dirigido por Estados Unidos.”
– “convencer a los eventuales rivales que no aspiran a tener un papel más importante.” Para lograrlo es necesario que este estatuto de superpotencia único “sea perpetuado por un comportamiento constructivo y una fuerza militar suficiente como para disuadir cualquier nación o grupo de naciones que desafíen la supremacía de Estados Unidos” y éstos “deben tener bien en cuenta los intereses de las naciones industriales avanzadas para persuadirlos de no desafiar el leadership (norteamericano) o poner en duda el orden económico y político establecido.”
Fuentes: citas de Paul Marie de la Gorce
(Director de la revista Défense nationale
en Le Monde Diplomatique, de abril 1992.

3. La cruzada sionista. “¿Hay que preferir Palestina o Argentina? La Sociedad tomará lo que se nos dé, teniendo en cuenta las manifestaciones de la opinión pública judía con respecto a esto. Ella tomará en cuenta una y otra.
Argentina es uno de los países naturalmente más ricos de la tierra, con una superficie colosal, con una baja densidad de población y un clima templado. La República Argentina tendrá gran interés en cedernos un trozo de su territorio. Las actuales infiltraciones judías han producido, es cierto, malhumor. Por lo tanto, habrá que explicar a la República Argentina la diferencia esencial de la nueva migración judía.
Palestina es nuestra inolvidable patria histórica. Sólo este nombre será un grito de adhesión poderosamente conmovedor para nuestro pueblo. Si Su Majestad el Sultán nos diese Palestina, podríamos hacer el esfuerzo de arreglar completamente las finanzas de Turquía. Para Europa, nosotros constituiríamos una parte de la muralla contra Asia, nosotros seríamos el centinela avanzado de la civilización contra la barbarie. Nosotros permaneceríamos, como Estado neutro, en relación constante con toda Europa, quien debería garantizar nuestra existencia.”
(Théodore Herzl: L’Etat juif. 1897. Librería Lipschirtz. pág. 94/95)

La estrategia israelí
Un testimonio preciso, extraído de un artículo de la revista Kivounim (Orientaciones) publicado en Jerusalén por la Organización Sionista Mundial sobre “los planes estratégicos de Israel para los años ochenta”:
“En tanto cuerpo centralizado, Egipto es ya es un cadáver, sobre todo si tenemos en cuenta los enfrentamientos cada vez más fuertes entre musulmanes y cristianos. Nuestro objetivo político, para los años 1980 en el frente occidental, será la división geográfica de este país en distintas provincias.
Una vez que Egipto haya sido dislocado y privado de poder central, países como Libia, Sudán y otros más alejados, conocerán la misma disolución. La formación de un Estado copto en el Alto Egipto, y en aquellas pequeñas regiones de poco importancia, es la llave de un desarrollo histórico, actualmente retrasado por el acuerdo de paz, pero a largo plazo la formación de este Estado será inevitable.
A pesar de las apariencia, el frente oeste presenta menos problemas que los del este. La partición del Líbano en cinco provincias anticipa lo que pasará en el conjunto del mundo árabe. La fragmentación de Siria y de Irak, en regiones determinadas que se basan en criterios étnicos o religiosos, debe ser a largo plazo un objetivo prioritario para Israel. La primera etapa será la destrucción del poder militar de esos Estados.
La estructura étnica de Siria la deja expuesta a un desmantelamiento que podría desembocar en la creación de un Estado chiíta a lo largo de la costa, de un Estado sunnita en la región de Alep, otro en Damas, y también una entidad druza que podría desear crear su propio Estado quizás en nuestro Golan, en todo caso, con Houran y el norte de Jordania La creación de un estado de este tipo será garantía de paz y seguridad para la región. Es un objetivo que ya está a nuestro alcance.
El Estado de Irak, rico en petróleo y víctima de luchas intestinas, está en nuestra mira. Su disolución será para nosotros más importante que la de Siria, ya que es Irak a corto plazo la más seria amenaza para Israel.”
Fuente: Kivounin. Jerusalén. N·14, febrero 1982. Pág. 49/59
(El texto integral, del original en hebreo, está reproducido en mi libro: Palestina, tierra de mensajes divinos. Ed. Albatros. París 1986, pág. 377/387, y en su traducción francesa a partir de la pág. 315.)

4. Análisis y juicios
 a) Georges Kennan
Georges Kennan, jefe del State Department Planning Staff fue separado por que se lo consideró como muy “palomo” para el poder. Él había escrito en 1948:
“Nosotros poseemos alrededor del 50 % de las riquezas mundiales, pero sólo el 6,3 % de población En esta situación, es inevitable que nosotros seamos objeto de celos y de resentimientos. Nuestra verdadera tarea en el futuro será desarrollar un sistema de relaciones de desigualdad sin poner en peligro nuestra seguridad nacional. Para realizar esto, debemos deshacernos de toda sensibilidad, y dejar de soñar despiertos. Nuestra atención deberá concentrarse por todos lados sobre nuestros objetivos nacionales inmediatos. Hoy por hoy, no podemos permitirnos el lujo del altruismo y de la beneficencia a escala mundial. Por ejemplo, con respecto a Extremo Oriente, debemos dejar de hablar de objetivos vagos e irrealizables, como los derechos del hombre, o elevar el nivel de vida y la democratización de esos países. Francamente, se aproxima el día en que nosotros deberemos actuar en puros términos de relación de fuerza. Cuanto menos estemos atados a eslóganes idealistas, mejor será.”
Fuente: Policy Planning Studies (P.P.S. del 23 de febrero de 1948)

b) Noam Chomsky
“La política extranjera de Estados Unidos está concebida para crear y mantener un orden internacional en cuyo marco las empresas de este país, pueden prosperar, un mundo de `sociedades abiertas’, lo que significa, sociedades abiertas a las inversiones fructíferas, favorables a la expansión del mercado de exportaciones y a las transferencias de capitales, así como a la explotación de recursos humanos y materiales por empresas norteamericanas y sus sucursales locales. Las `sociedades abiertas’, en su verdadera acepción del término, son sociedades abiertas a la penetración económica y al control político de Estados Unidos.
La historia de América Central y del Caribe, y de otras regiones, demuestran cómo hay que comprender estas bellas palabras: una forma de captar el apoyo público para las cruzadas destinadas a defender esta Libertad, esto es lo que verdaderamente cuenta.
En la percepción de los gestionarios norteamericanos, el mundo está poblado de enemigos de esta libertad que buscan limitar el libre ejercicio de nuestro derecho fundamental de robar y de explotar.”
Fuente: Noam Chomsky en Ideología y poder. Ed. EPO. pág. 9
Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos elaboró sus planes geopolíticos:
“Grupos de estudios del Council of Foreign Relations (por el cual se realiza de forma privilegiada la influencia del mundo sobre los asuntos de política extranjera) y el State Department, formularon el concepto de lo que ellos denominan la `Gran Región’ (Gran Area), que debía ser sometida a los intereses de la economía norteamericana, y que debía comprender al menos el hemisferio occidental, el Extremo Oriente y el Antiguo Imperio Británico.
Había que desarrollarla, en la medida de lo posible, para hacer un sistema global que comprendiera de todas formas a Europa occidental y las excepcionales reservas de energía del Medio Oriente, que estaban por lo tanto en vías de pasar a manos de norteamericanos.”
Fuente: Noam Chomsky en Ideología y poder. Ed. EPO. pág. 20

c) Detrás de la cruzada contra el terrorismo
El 5 de agosto, el presidente William Clinton firmó la Ley de Amato-Kenedy anunciando que consideraba a Irán y Libia fuera de la ley internacional. Cuando sucedió el atentado de Lockerbie (contra el avión de compañía PanAmericana, el 20 de diciembre de 1988) tuvo la astucia de anunciarlo frente a las cámaras de televisión, junto con los padres y próximos de las víctimas. Hizo responsable a Libia a pesar de las investigaciones paralelas que desmienten esta versión de los hechos. Fue bien simbólico, y la ceremonia fue también significativa de la política que Washington intenta poner en práctica: el terrorismo está designado como el enemigo supremo, la opinión pública se moviliza sobre este tema y los países culpables son considerados como enemigos de Estados Unidos; para comenzar, el arma utilizada contra ellos será la sanción económica y, en la medida de lo posible, un bloqueo total. Las decisiones unilaterales de Washington constituyen una clara violación de los principios elementales de la Organización Mundial del Comercio. La adopción de estas decisiones de la administración norteamericana es un abandono claro de sus compromisos internacionales. La lucha antiterrorista a escala mundial constituye uno de los ejes de la política extranjera del presidente de Estados Unidos y será evocada cada vez que a la diplomacia norteamericana le haga falta.
La opción electoral elegida en vista del escrutinio presidencial de noviembre de 1996 fue, ciertamente, la Ley Helms-Burton del 12 de marzo de 1996, que reforzó el embargo contra Cuba. Esta ley podía tener una fuerte resonancia ante los 400.000 norteamericanos de origen cubano que votan en el estado de Florida. No obstante, Robert Dole rival republicano de William Jefferson Clinton, no perdió una sola ocasión para ir más allá en cuanto a las intenciones antiterroristas de su adversario, denunciando como “flojo” el comportamiento de la administración demócrata, con respecto a Cuba como a Irán.
El gobierno norteamericano presenta, hoy en día, al terrorismo como el objetivo a combatir y eliminar, y ofrece del mismo un panorama global y sistemático pero deliberadamente esquemático y teatral. “El terrorismo será una de las amenazas más significativas dirigida contra nuestra seguridad en el curso del siglo veintiuno”, dijo el presidente Clinton en vísperas de la reunión que lo llevara a la presidencia, el 30 de julio de 1996, ante los ministros de asuntos extranjeros y del interior de los G7. Este tema fue desarrollado periódicamente en un informe publicado por el Departamento de Estado, que hizo un balance de las actividades terroristas en el mundo y definela política norteamericana a este respecto.
De su lectura surgen tres puntos esenciales: los terroristas no son más que criminales y, en consecuencia, ningún acuerdo de ningún tipo deberá hacerse con ellos; deberán ser perseguidos hasta que sean condenados rigurosamente; deberemos ejercer una presión masiva y permanente aplicando en forma draconiana medidas políticas, diplomáticas y económicas, y en caso de fracasar recurrir a otros medios contra los Estados que protejan a los terroristas, los armen, los subvencionen y los utilicen.
En esta aproximación categórica, ningún contexto social, nacional, regional o mismo político y militar será tomado en cuenta. En marzo de 1996, The Economist cuestionó: “El terrorismo no es un fenómeno simple, ni bien demarcado, ni obra de niños malos que todos nosotros queremos condenar. ¿Quién es o quién no es terrorista? ¿El que pone una bomba suicida, el guerrillero rebelde, el frente de liberación, las Fuerzas Armadas de un Estado?”. En todo caso, esta concepción de la administración Clinton quiere prevalecer y pretende ser objetiva. De cierta manera, presenta su política como una nueva fase de lucha del bien contra el mal, en nombre del cual pretende movilizar el resto del mundo alrededor de sus elecciones y de sus análisis. Si no se inspiran de una simple preocupación electoral, los verdaderos objetivos que persiguen no obedecen tampoco a esta visión ideal de bien. Nada más significativo que la lista de Estados designados como particularmente culpables de mantener el terrorismo: Irán, Libia, Sudán. Piénsese lo que se piense de sus regímenes y de sus actividades exteriores por cierto, muy diferentes en los tres casos evidentemente se trata de países donde los cambios políticos finalizaron, de una manera o de otra, con las empresas que Estados Unidos controlaba anteriormente. Tal fue el caso de la revolución de 1969 en Libia que provocó el desmantelamiento de las bases angloamericanas sobre su territorio; el derrocamiento en 1985 de la dictadura del presidente Nemeiry en Sudán, particularmente asociada a la política norteamericana en la región; y la caída de 1979 del régimen de Chah, sobre el cual Washington ejercía una especie de protectorado.
Igualmente, fueron reveladoras algunas ausencias en esta lista, como por ejemplo Irak, que se encontraba pero fue retirada en el momento de la guerra entre Irak e Irán, cuando el presidente Saddam Hussein se aproximó significativamente a Estados Unidos. Estos deciden apoyarlo y restablecer sus relaciones económicas y diplomáticas con Bagdad. Igualmente Siria, que se encontraba siempre en la lista de Estados sospechosos de colaborar con el terrorismo, cuando en estos últimos años no estuvo de ninguna manera implicada, sino que por el contrario representaba una interlocutor mayor en las negociaciones de paz en el Cercano Oriente; e Israel, finalmente, donde los servicios especiales fueron a mùenudo los encargados de matar a los adversarios fuera de sus fronteras. Estos ejemplos son suficientes para demostrar que la campaña antiterrorista de Estados Unidos se inscribe antes que todo en el marco de la política extranjera norteamericana y que le sirve de pertexto.
En los últimos meses, la Casa Blanca dio a esta cruzada una dimensión internacional espectacular, primeramente con la conferencia de Charm el-Cheikh, el 13 de marzo de 1996, al día siguiente de los atentados de Jerusalén y Ashkelon y en la víspera de la crisis israelo-libanesa, durante la reunión cumbre de jefes de Estado y de los gobiernos de los siete países más ricos del mundo, en Lyón, en el mes de junio. Improvisada, la conferencia de Charm el-Cheikh se comvocó a toda prisa para reforzar al candidato Shimon Peres, entonces primer ministro, en vistas de las elecciones previstas en Israel, algunas semanas más tarde. A distintos niveles, todos los gobiernos participantes querían concurrir y suscribieron naturalmente a las declaraciones antiterroristas a que fueron sometidos. Pero el presidente Clinton quiso aprovechar la situación para señalar especialmente a Irán como el responsable del terrorismo en la región, de conformidad con las afirmaciones repetidas por el gobierno israelí. Pudimos, en esa ocasión, verificar que la diplomacia norteamericana, bajo la bandera de la lucha antiterrorista, reconstruía para su provecho una coalición análoga a la de la guerra del Golfo, dirigida esta vez contra Irán, que Estados Unidos consideró como su enemigo privilegiado, como había hecho con Irak seis años antes.
La etapa de Lyón fue aún más significativa. Como en Charm-elCheikh, el presidente Clinton quiso hacer de la cuestión del terrorismo el tema esencial de la cumbre de los G7, el 28 de junio de 1996. De nuevo, la República Francesa se opuso para evitar que fueran minimizados o dejados de lado otros temas propuestos. Washington le ganó a París. Al final de una cena, que reunió a los siete jefes de Estado y de gobierno, logró que se adoptara por unanimidad una declaración sobre el terrorismo. Este documento, condenando naturalmente el terrorismo como “desafío mayor para el conjunto de nuestra sociedad y de nuestros Estados”, aludía particularmente al atentado del 25 de junio de 1996 contra la guarnición norteamericana de la base saudita de Khobar, calificada como “acto bárbaro e injustificable”. Este documento expresaba la “total solidaridad” de los firmantes con Estados Unidos y Arabia Saudita. Con eso los miembros del G7 se pronunciaron implícitamente en favor del mantenimiento de los dispositivos militares norteamericanos en el Golfo. Sin embargo esto, lo sabemos bien, fue tenazmente combatido por todas las fuerzas sociales y políticas que juzgaban inaceptable la intervención en la región, en cuanto era incompatible con la independencia de su país. De nuevo, el episodio es revelador del propósito estratégico que recubre la campaña antiterrorista orquestada por la Casa Blanca, pero también de su aptitud para obtener el apoyo de sus colaboradores.
Como quiera que sea, la ausencia de toda condenación explícita y nominal manifestaba estruendosamente las reservas, e incluso la hostilidad suscitada por la política norteamericana con respecto a los países que señala como culpables del terrorismo. Los Estados europeos rápidamente se negaron a conformarse a las exigencias de la ley de Amato-Kennedy, así como con Canadá a ordenar a las empresas someterse a las prohibiciones previstas por la ley Helms-Burton contra Cuba. Sin embargo, esta resistencia no debería ser sobrestimada, Europa no adoptó ninguna medida de represalia y la intención fue más bien la de reducir las divergencias y evitar todo lo que pudiese aparecer como el inicio de un ciclo de represalias financieras y comerciales.
Sólo algunas horas después de la firma de la ley de Amato-Kennedy, por parte del presidente Clinton, el portavoz del Departamento de Estado, Nicholas Burns, puso directamente en acusación los intereses franceses en Irán, declarando que “En el futuro debemos castigar a las empresas que toman el lugar de Conoco (la compañía norteamericana) y obtienen un contrato que hubiese sido beneficioso para esta compañía norteamericana.” Con amenazas de este tipo, es de temer que las empresas europeas, aún si invocan la no retroactividad de la ley de Amato-Kennedy y las consignas de sus gobernantes, tengan miedo de recibir represalias norteamericanas en el futuro si intentan realizar proyectos de inversiones y de desarrollo en Irán y en Libia, de donde provienen el 20% del aprovisionamiento de carburante para la Unión Europea. Por el contrario, países como China u otros de Extremo Oriente serían menos sensibles a semejantes presiones.
La campaña antiterrorista llevada a cabo por Estados Unidos casi siempre designa a un enemigo principal: el islamismo radical, contestatario y aún revolucionario, del cual ven la raíz y el ejemplo en Irán. Esta acusación, de ahora en más casi exclusiva, no corresponde sin embargo a a la heterogeneidad de los actos terroristas en sí mismos. Nada tuvieron que ver los iraníes en el atentado del 19 de abril de 1995 en Oklahoma, sino que se trataba de un grupo de extrema derecha; ni tampoco en el caso del 9 de octubre de 1995 contra un tren Miami-Los Angeles, reivindicado por un grupo autonominado “los hijos de la Gestapo”; ni en el del 3 de abril de 1996, donde un doctor en matemáticas, Theodore Kaczynski, recurría a la práctica de colocar bombas en envíos postales; o menos aún el caso de los Freemen que, en la primavera de 1996, resistían a la policía en su granja en Montana. Esto no quita que, para Norteamérica, cierto islamismo es el principal inspirador y actor del terrorismo.
La oposición a las fuerzas políticas y a los Estados que se presentan como derivados de una concepción integrista del Islam, por otro lado no constituyen de manera alguna una constante o una tradición en la política norteamericana, sino todo lo contrario.
Cronológicamente, Estados Unidos se asentó en el Cercano Oriente vía Arabia Saudita, donde los intereses petroleros fueron preponderantes entre las dos guerras mundiales; después, Washington jamás dejó de ser el socioprivilegiado de este Estado, que es, aún hoy, uno de los más rigurosos islamistas del mundo. También protegen estrechamente la dictadura del presidente Jaafar El Nemeiry en Sudán, quien fue el primer ministro en el continente africano en querer aplicar la “charia” a toda la legislación del país. Y además eligió como socio esencial en el sudoeste de Asia al régimen del presidente Zia Ul Haq. Sin olvidar que Estados Unidos alienta, instruye y arma las organizaciones que en Afganistán se opusieron al régimen mantenido por la Unión Soviética, basándose en el islamismo más radical e integrista (los Talibanes).
Cometeríamos un grave error al subestimar la influencia de estas confabulaciones en el desarrollo de las actividades terroristas de estos últimos años, y en primer lugar las consecuencias de la guerra de Afganistán.
Alrededor de 15 mil hombres provenientes de 10 países fueron a combatir al lado de las organizaciones islamistas afganas. Se entrenaron en el mismo campo y se impregnaron de la misma ideología. A fin de cuentas, constituyeron muchas organizaciones destinadas a actuar en otros teatros de operaciones, y que guardaron entre sí lazos más o menos estrechos.
Egipto fue el primer campo de acción de uno de estos grupos: organizaron el asesinato del presidente Anouar El Sadate, después el del presidente de la Asamblea nacional, Rifaat El Mahjoub, en septiembre de 1990, finalmente el asesinato del escritor Farag Foda, el 8 de junio de 1992. Sus hombres se replegaron, parece ser, en territorio sudanés, antes de atravesar periódicamente la frontera. Uno de sus dirigentes es Mohamed Chawki El Islambouli, hermano de Khaled El Islambouli, el asesino de Anouar El Sadate.
Encontramos en Argelia lazos con Afganistán. La primera organización islamista clandestina, el Movimiento Islámico Armado, tuvo como jefes a, primero, un antiguo combatiente en Afganistán, se trata de Tayeb El Afghani, que atacó el puesto fronterizo de Guemmar en noviembre de 1991, y después Mourad El Afghani, quien dirigió el asalto contra el almirantazgo de Argelia; Kamreddine Kherbane y Hajj Bounoua, quienes tomaron como base Francia.
Igualmente, desde el monte afgano proviene el principal responsable del moudjahidins de Bosnia, Abou El Maadi. Su cuartel general está en Zénica y sus tropas han estado largo tiempo incorporadas al tercer batallón de la milicias bosnias musulmanas. El financiamiento de estos últimos fue asegurado por varios países musulmanes, sobre todo de Arabia Saudita, cuyo soberano en persona entregó al presidente Alija Izetbegovic, en su viaje a Riyad, 40 millones de dólares, a los que se agregarán 43 millones más provenientes de los emires del Golfo. Casi 2.500 hombres llegaron también de Afganistán hacia Bosnia, vía Albania, en el momento de los más duros enfrentamientos entre musulmanes y croatas.
La presencia de los grupos islamistas armados en Bosnia causó ciertamente muchas dificultades, a tal punto que una de las disposiciones consecutivas a los acuerdos de Dayton, hablaba sobre el retiro de este grupo. Lo cual no quita que estos grupos siguen permaneciendo en Bosnia, donde disponen de impresionantes reservas monetarias.
Más allá de estos episodios significativos del carácter aleatorio y también equívoco de la política norteamericana con respecto al fenómeno terrorista, la hostilidad de Estados Unidos hacia el Islamismo, considerado como el generador del terrorismo, está guiada por las consideraciones políticas y estratégicas ya conocidas: la voluntad de derribar o al menos de debilitar el régimen iraní; la confrontación del Hamas palestino y el Hezbollah libanés, comprometidos ambos en un combate paralelo contra Israel. En el discurso antiterrorista en Washington es importante reconocer el instrumento de estas elecciones.
Extracto del artículo: “última cruzada de Clinton contra el terrorismo&nbsp”, redactado por Paul-Marie de La Gorce en Le Monde Diplomatique. febrero 1995. p.15

d) Dom Helder Camarra
El arzobispo de Olinde y de Recife (Brasil) explica este problema de manera decisiva, en su libro Espiral de la violencia, en nombre del primer continente que había sufrido más que otros la opresión colonialista, distinguiendo tres tipos de violencia:
1.- la violencia institucional, que impone a multitudes la injusticia de condiciones de vida inhumana;
2.- la violencia revolucionaria, que se dirige contra la primera;
3.- la violencia represiva que, al servicio de la primera, destruye la segunda.
La hipocresía consiste en llamar violencia sólo a la segunda.
Los pueblos colonizados, después de cinco siglos, y los europeos, bajo la dominación hitleriana, han conocido la impostura que consiste en confundir bajo el nombre de terrorismo lo que en realidad es la resistencia a la opresión y a los crímenes más sórdidos.
Teniendo en miras una nueva dominación mundial, los dirigentes norteamericanos y sus cómplices retoman el mismo lenguaje.

e) Las Naciones Unidas y la Pax Americana
“Preservar las generaciones futuras de la calamidad de la guerra que, dos veces en la duración de una vida humana, ha infligido a la humanidad indecibles sufrimientos.”
Tal es el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas decretada en 1945 por los vencedores de la guerra mundial provocada por la Alemania de Hitler.
Para establecer y mantener un orden de paz internacional, la Carta a establecido tres principios:
Los Estados son todos soberanos (Artículo 2-1)
Los diferendos deben ser resueltos por los medios pacíficos (Artículo 2-3)
En consecuencia, recurrir a la fuerza está prohibido (Artículo 2-4)
La Organización de las Naciones Unidas, instrumentada para la aplicación de la Carta, fue construida bajo el modelo teórico de las democracias occidentales, según la presunción arrogante de su universalidad.
Pero de este modelo, cuyo carácter universal es primeramente imperialista, el sistema dispuesto presenta una desviación de peso, ya que el poder ejecutivo, constituido por el Consejo de Seguridad, comprende cinco miembros inamovibles beneficiarios de un exorbitante poder. Esto pone en evidencia el extremo opuesto del principio democrático: ni los abusos de poder, ni las faltas, pueden ser sancionadas.
A fin de cuentas, jueces y partes de la oportunidad de decisiones por las cuales están comprometidas las naciones del mundo, los cinco miembros permanentes disponen de un poder arbitario.
En estas condiciones, el control de las decisiones de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad por los miembros que componen la Asamblea de las Naciones Unidas, es totalmente ficticio.
De la arbitrariedad al totalitarismo, la puerta esta permanentemente abierta sólo a los miembros poderosos: los Estados Unidos que ya no están hoy en día sometidos al contra poder de la Unión Soviética.
Totalitarismo particularmente evidente en la utilización abusiva de los embargos, decretados según cálculos norteamericanos, en función de sus intereses políticos, comerciales y demagógicos.
Ahora bien, el embargo es el tipo de medida que viola la Carta de las Naciones Unidas. En efecto, la Carta prohibe expresamente recurrir a la amenaza y a la fuerza contra la independencia política de todos los Estados.
¿Qué otros objetivos que la evicción de los dirigentes políticos puede haber en los casos siguientes:
Corea del Norte, bajo un embargo desde 1951;
Cuba, desde 1962;
Irak, desde 1991;
Libia, desde 1992;
Sudán, desde 1995?
En un mundo dominado por la tiranía económica de los occidentales, el embargo medida de fuerza y de violencia económica es el modelo moderno del bloqueo.
Con la diferencia de que el derecho de guerra que se deriva de convenciones diplomáticas internacionales sometía el bloqueo a reglas estrictas, relativas a su notificación y a su efectividad.
Popr el contrario ¿qué constatamos en la práctica norteamericana de los embargos, a través del ejemplo de Irak?:
Este Estado satisfizo todas las exigencias del Consejo de Seguridad, y no obstante, el levantamiento del embargo fue dilatado bajo nuevos y falaces pretextos impuestos por la administración Clinton para impedir el retorno del petróleo iraquí al mercado.
Recordemos que, con respecto a la ventas de armas, los mejores contratos han sido concertados por los occidentales gracias al embargo sobre el armamento decretado durante la guerra entre Irán e Irak, sabiamente sostenido durante más de nueve años.
Contratos clandestinos, no sometidos abiertamente a la competencia, no fiscalizados, mejor pagados por razones de las penurias que la población sufre a causa del embargo, son los más buscados por las firmas occidentales.
Los pueblos rehenes, con el fin de provocar la rebelión contra sus dirigentes y un terreno propicio para concretar mejores contratos comerciales, tales son las características del embargo.
“Nuestros intereses están por todos lados donde estén los recursos que nos sean útiles” decía la doctrina Monroe, presidente de Estados Unidos de Norteamérica; puesta al día, la pax americana se ha vuelto “La moral política está allí donde están nuestros intereses económicos”.
La Carta de la ONU no era más que un bello discurso, en el cual Hiroshima inmediatamente ha demostrado el artificio mentiroso
En realidad, el mantenimiento de la paz vista desde Estados Unidos de Norteamérica es primeramente el mantenimiento del Orden, si es necesario, por la fuerza y en ciertos casos poniendo como rehenes a los pueblos con aplicación de embargos, sin hablar de los bombardeos contra inocentes, el acto más injusto.
Isabelle COUTANT PEYRE

A CONTRA NOCHE , n. 1, febrero de 1999 : La cruzada de los asesinos , p 38-55